El Trastorno por Déficit Atencional con Hiperactividad (TDAH) es más comúnmente conocido como Déficit Atencional.

Se trata de una condición que, en nuestro país, la presentan cerca del 8% de la población escolar, según un estudio publicado en 2009 en la Revista de Psiquiatría del Uruguay. Es un rasgo con características de cronicidad, esto es, con una tendencia a permanecer en el tiempo. Y esto sucede aún cuando la persona alcanza la edad adulta. Ya quedaron atrás las ideas que planteaban que el TDAH desaparecía como por arte de magia en la adolescencia. Lo que en realidad sucede es que, en esa etapa evolutiva, comienza a tener otra forma de presentarse, pero no desaparece.

¿Cuál es la causa? ¿Cómo se presentan?

Esta es una condición de origen neurobiológico, esto es, no está determinado por normas inadecuadas de educación ni por otros aspectos ambientales. Estos últimos pueden agravar o atenuar la presentación del TDAH, pero NUNCA son la causa de esta condición. Fíjense que hablo de condición y no de enfermedad, porque no lo es.

Como su nombre lo indica, el TDAH presenta dificultades atencionales. Hay que tener en cuenta que estos chicos pueden atender en determinadas situaciones, pero lo hacen en aquellas actividades que le resultan placenteras: Youtube, Videogames, TV, etc. Pero no logran concentrarse el tiempo necesario cuando la tarea les resulta poco atractiva, como puede ser la tarea escolar, preparar materiales para el liceo, estudiar para pruebas o parciales. Y esto sucede, sobre todo, con aquellas materias que demandan mayor cantidad de lectura y concentración, como puede ser Historia, Literatura, Geografía. En general, el problema es menor al tratarse de disciplinas como las Matemáticas, donde el desafío cognitivo es mayor y la cantidad de lectura es menor. Sin embargo, la dispersión atencional les juega en contra porque cometen errores por distracción, equivocándose en detalles menores: confundir decenas con unidades, errar en el valor positivo o negativo, no leer detenidamente la letra del problema.

Aunque no se trata sólo de inatención, pues, como su nombre lo indica, deben considerarse los aspectos de Impulsividad e Hiperactividad.

Cuando se habla de Impulsividad se debe tener en cuenta que sería más preciso hablar de Escaso Control Inhibitorio, que no es lo mismo. Explico: el Control Inhibitorio es más amplio que el control de la Impulsividad. Implica 3 mecanismos:

  1.  Control de Impulsos, donde la persona debe tomar en consideración todos los factores que hacen a una situación antes de dar una respuesta. Esto quiere decir “pensar” antes de responder; tener en cuenta todos los elementos necesarios para resolver una situación.
  2. Control de Espera, que es la posibilidad que tenemos de aguardar a que se presente una situación determinada. Por ejemplo, esperar turnos, esperar en una fila pacientemente, aguardar a pagar en el supermercado antes de comenzar a consumir el refresco o la golosina.
  3. Control de Interferencias, mecanismo mediante el cual cancelamos los estímulos que son irrelevantes para la tarea que estamos realizando; que si vuela una mosca nuestra mirada no se vaya detrás de ella.

La Hiperactividad se refiere a un aumento excesivo del movimiento, sin que esto cumpla una finalidad determinada. No se trata sólo de hacer muchas cosas, ya que muchas veces podemos hacer varias actividades con una finalidad pertinente a la situación o que mejoran la calidad de vida de la persona. Cuando hablamos de Hiperactividad hablamos de la persona que no puede permanecer en su silla el tiempo necesario para la tarea que realiza (estudiar, atender en una clase o trabajo, cenar, etc.), mueve sus piernas estando en reposo, se “revuelve” en la silla.

Esta tríada (Inatención, Impulsividad e Hiperactividad) son los pilares sobre los que se fundamenta el diagnóstico de TDAH.
Este diagnóstico debe ser realizado con sumo cuidado y dedicación, ya que las características de comportamiento mencionadas pueden presentarse por otros motivos que no sean un TDAH.

Además, un diagnóstico erróneo conduce a tratamientos erróneos, infructuosos y, a veces, contraproducentes.
Por esta razón, la persona que realice el diagnóstico debe contar con vasta experiencia en evaluaciones infantiles, a fin de conducir el tratamiento por el camino correcto.

Desde hace tiempo hemos insistido en la importancia de la valoración neuropsicológica en las personas con TDAH, pues todas las presentaciones tienen su particularidad; cada caso es diferente y no basta con decir que “tiene o no tiene un TDAH”, sino que es fundamental evaluar su propio perfil, el subtipo y el nivel de gravedad.

¿Cómo se mejora el TDAH? ¿Hay alternativas a la medicación?

Cuando se arriba a un diagnóstico de TDAH, generalmente, se indica un tratamiento farmacológico. Para ello los médicos especialistas, psiquiatras infantiles y neuropediatras, cuentan con los conocimientos necesarios en neurodesarrollo, psicopatología, farmacología, entre otros necesarios para un adecuado abordaje médico.

Pero además del abordaje farmacológico las personas con TDAH se pueden beneficiar con otros tratamientos de probada eficacia, como son los tratamientos neuropsicológicos. En ellos se realiza un entrenamiento de las funciones psicológicas afectadas, a fin de favorecer su desarrollo. Existen a nivel internacional múltiples estudios que han demostrado que si se realizan los entrenamientos adecuados se optimizan las funciones afectadas, mejorando el funcionamiento del cerebro, haciéndolo más eficiente.

En estos tratamientos se realizan trabajos “de escritorio”, así como también tareas con un software especialmente diseñado con esta finalidad.

En nuestra clínica trabajamos desde el 2004 en tareas de habilitación y rehabilitación neuropsicológica, siendo pioneros en la implementación del Programa EFE: Programa para el Entrenamiento de las Funciones Ejecutivas. Éste es aplicado a niños, adolescentes y adultos que presentan algún tipo de alteración en la atención sostenida, el control inhibitorio, la memoria, la capacidad de planificación, entre otras.

Este sistema genera una mejora notoria en la calidad de vida del paciente, observándose esto en sus logros en la vida académica, laboral y familiar.

Contamos con una casuística numerosa, con un excelente porcentaje de éxito en este tipo de tratamientos. Los resultados son apreciados tanto por los mismos pacientes como por su entorno familiar, social y académico.